Oriana Castelló
Pedro Diego Alvarado. El oficio de ser pintor.
EI esqueleto del
proceso creativo de un artista se expone mejor cuando se puede apreciar su trabajo
inconcluso; es ahí cuando uno puede comprender cómo la mente,
la mano y el ojo del pintor laboran conjuntamente para crear las obras que uno
verá después colgadas en las paredes de una galería.
El estudio de Pedro Diego Alvarado no es la excepción a esta regla. En
el suelo hay una pintura terminada, sin título, de unas piñas;
el primer bosquejo de otra, encargada por una familia, ha sido terminado y a
punto de ser enviado para su aprobación, y dos largos lienzos muestran
las capas del proceso de color y texturas que han caracterizado sus trabajos.
El oficio de ser pintor.
Pedro Diego Alvarado
es de esos pintores que no han perdido el gusto ni el conocimiento del verdadero
significado del oficio de ser pintor. Está consciente de que llegar a
serIo requiere tiempo, sobre todo cuando el artista busca desarrollar un lenguaje
propio: "En el Renacimiento el ser pintor era como ser carpintero: era
un oficio. Entrabas al taller de un maestro primero para barrer, luego para
moler colores, preparar superficies... Si tenías talento llegabas a ser
ayudante u oficial, y poco a poco te ibas formando como maestro, hasta llegar
al punto en que establecías tu propio taller. Por eso la pintura evolucionó
tanto. Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci pudieron desarrollar sus propias
técnicas y secretos. Cada quien iba creando su escuela con ciertas características.
Era otra estructura.
Hoy en día parece muy simple comprar una tela blanca, unos colores y
empezar un cuadro; esto no implica un conocimiento del oficio de pintor. No
es un proceso fácil. Se requiere de mucho tiempo y estudios para que
un creador desarrolle su propio lenguaje en la pintura. Otra dificultad es que
el arte representa el lado no materialista del ser humano; es una manifestación
del espíritu y éstos no son los valores que predominan a principios
del siglo XXI", aclara Pedro Diego.
Aprendiz del oficio.
El primer interés
de Alvarado fue la fotografía. Pero un día, mientras estudiaba
en la Academia de San Carlos "me encontré con los dibujos del gran
fotógrafo Henri Cartier Bresson, quien a mediados de los setenta había
dejado de tomar solamente fotografías para dedicarse también al
dibujo. Sus obras me impresionaron y me marcaron mucho, y al poco tiempo me
fui a Francia", dice.
Ya en París, en la escuela de Bellas Artes, el pintor mexicano tuvo la
fortuna de enseñarle su trabajo al mismísimo Cartier Bresson.
"Estuve cerca de este gran artista que tanto admiraba y pude seguir sus
consejos. Había pensado estar dos meses en Francia y me quedé
dos años y medio, trabajando todo el tiempo con Henri como referencia.
Él fue quien me dijo: 'Salte de la escuela', y me presentó con
otros artistas que trabajaban en el jardin des Plantes para que dibujara con
ellos en medio de los invernaderos y el zoológico. De esta forma me inicié,
sobre todo en el dibujo."
A su regreso a México, Pedro Diego comenzó a laborar en el estudio
de Ricardo Martínez, donde empezó a hacer series de cuadros sobre
los rincones de su taller. Su experiencia con él y gracias a "su
gran conocimiento del oficio y generosidad", como él lo califica,
fue lo que lo acercó a la pintura al óleo.
Años más
tarde estaría en el estudio de Vlady quien, como explica Alvarado, contaba
con una gran experiencia en dicha técnica: "Él ha hecho muchas
investigaciones y ha descubierto las diferentes maneras de pintar, desde el
Renacimiento hasta el invento de los tubos comerciales. Le da estructura a sus
cuadros trabajando en capas de diferentes materiales y mezclando sus propios
colores a base de pigmentos. Así que, para estructurar y darle forma
a la obra, mete una capa de temple y otra de óleo, y luego, para tapar
cualquier cambio, la refuerza con un blanco espeso (conocido como pentimento)...
El entendimiento de esta técnica cambia enormemente la apreciación
de las obras de los grandes pintores. Es maravilloso ver un Greco, un Rembrandt
o un Tiziano y saber cómo lo hizo. El ojo puede ver las variaciones técnicas
entre un pintor y otro; es una llave magnífica para acceder a ellas".
Su experiencia en el taller y el conocimiento de esta Técnica Veneciana
le sirvieron al artista para hacer el mural del Museo Amparo, en Puebla. El
proyecto le llevó casi dos años.
En 1994, también trabajó como ayudante de Armando Morales en sus
talleres de Londres y París. "Fue otro periodo de gran aprendizaje.
Morales trabaja con tubos de óleo y hace dos o tres capas en una pintura
con raspado. Fue entonces cuando volví a cambiar de técnica y
tuve que asimilar una nueva manera de crear una pintura", afirma Alvarado.
Un lenguaje artístico propio.
En la actualidad, el lenguaje artístico de Alvarado es una mezcla de
técnicas, algunas tomadas del Renacimiento y otras de su experiencia
y percepción.
"Decidí que quería experimentar con la idea de mezclar las
técnicas. Esta conjugación es un aprendizaje complejo para asimilar
el oficio completo. He descubierto que es un proceso liberador, que me ha permitido
introducir puntos y rayas de color, que le dan atmósfera a mis pinturas",
dice Pedro Diego.
Lo mexicano, la luz
y el color también elementos característicos de su obra. "En
México tenemos una luz extraordinaria... vivimos rodeados de colores
muy vivos y esa realidad forzosamente se refleja en mi trabajo. Soy un pintor
mexicano no sólo de nacimiento sino también porque vivo y trabajo
aquí. Los grandes pintores mexicanos (Orozco, Rivera, Tamayo) reflejan
en sus creaciones la luz, la biología, los frutos, los hombres y las
culturas de México...
Todas son cosas muy profundas y son parte de lo que es ser mexicano", explica.
Durante siete años Pedro Diego Alvarado formó parte del Sistema
Nacional de Creadores Artísticos. Sus cuadros, naturales y llenos de
vida, han sido expuestos en París, Nueva York y en el interior de la
República mexicana. Y, sin embargo, su significado de ser pintor es el
mismo: "Saber interpretar la he- rencia del conocimiento pero con rigor
y disciplina. Es como un músico: sin el conocimiento y la práctica
de su instrumento, jamás llegará a hacer una buena interpretación".
Revista Paula.
Julio de 2001..